simtropia

Desde hace algunos meses, muchos medios internacionales han explicado las mil y un razones de cómo y por que un mundo virtual no funciona y como fallan las expectativas de los clientes al invertir en el metaverso, el ejercicio de muchas de estas marcas, aunque interesante, en la mayoría de los casos han sido erróneos; no es novedad para nadie que las distracciones que nos provoca un juguete nuevo tienen mas que ver con la envoltura y el color que con el propósito y la función, tampoco es una novedad el hecho de que las instrucciones son lo último que consultamos después de desempacar un regalo, el punto es que entre la novedad, el temor y la ignorancia muchos de los escritores que reportan y no investigan se dan a la tarea de identificar las diferencias y pasar por alto las ventajas.

Tampoco debe sorprender a nadie esta colección de casos fallidos en que las marcas confían en que la sola presencia resolverá de manera mágica la ecuación y que estar significa funcionar y no es necesario hacer mucho más; las incursiones en cualquier medio, tradicional o novedoso implican necesariamente una estrategia, quizás por la complejidad de la plataforma y la bondadosa naturaleza de Internet algunos publicistas y consultores decidieron aconsejar a sus clientes que una tienda en medio del desierto era buena idea por que implica costos bajos y queda de camino a lugares visitados, quizás pensaron que la atención que recibe Second Life de manera natural por parte de los medios les beneficiaría de manera indirecta (estoy seguro que esto sucedió y sigue pasando aunque también es imposible de comprobar) como sea cuando se trata de justificar acciones concretas con resultados directos es necesario invariablemente una estrategia.

En los últimos cuatro años hemos aprendido muchas cosas sobre las comunidades y los mundos virtuales, una de ellas, la más básica quizás y en absoluto novedosa, es que la gente necesita ser atendida y entretenida, Second Life no es un juego, pero la gente entra a jugar, es en efecto una extensión de la realidad, una digitalización de la vida y todo cuanto existe dentro debe estar enfocada para la gente, los avatares por más exóticos y poco realistas que parezcan siguen siendo comandados por humanos de carne y hueso que se identifican o no con la marca y sus ofertas, que deciden implacablemente quedarse, regresar o irse para nunca más volver.

Estamos de nuevo ante la comparación recurrente e inevitable de lo conocido contra lo innovador, de lo “comprobado” contra lo “arriesgado” en esta costumbre interminable de acomodar naranjas junto a higos y seguir haciendo comparaciones de forma y color, analizando propiedades, sabores y funciones, nuestro referente humano y cultural nos obliga a comparar para poder entender, especialmente si nos enfrentamos a situaciones casi por completo desconocidas y es en estos procesos cuando general e irracionalmente nos invade algo de temor; las historias de otros medios las conocemos ya, la imprenta, el radio, la televisión, la integración de medios electrónicos… cada una ha probado sobrepasar las expectativas originales y sorprender a sus creadores, mientras terminamos de aprender y analizar nuestra realidad actual, mientras las tendencias comprueban que en los siguientes años pasaremos más tiempo “on-line” que desconectados, mientras decidimos a donde nos lleva todo esto, a donde nos ha traido ya, se antoja una sola pregunta: el futuro esta aquí hoy, ¿estamos listos?

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