La visión futurista de los sesenta en el siglo pasado, involucraba casas flotantes y vehículos voladores, los sueños de la humanidad consistían en transportarnos rápidamente a todos lados mediante la propulsión a chorro y tener un ejercito de robots que nos libraran de los quehaceres del hogar, más allá de los jetsons, esto no sucedió, creo que albergamos aún la esperanza de volar libremente por el mundo pero estamos resignados a que los vehículos tendrán ruedas durante muchas décadas más, los robots aún no nos liberan de nuestras tareas domesticas y desafortunadamente los perros sintéticos actuales además de caros son poco prácticos, el futuro ha demostrado que somos incapaces de predecirlo y nuestros sueños han evolucionado en otro tipo de cuestiones, manejamos ahora conceptos como sustentabilidad y ecología, conectividad, tiempo real… virtualidad.

Los cyborgs y el concepto de los robots han evolucionado también, las computadoras están en todas partes y vienen en todos tamaños, formas y colores, desde las pequeñas que activan leds en los zapatos de los niños hasta las sofisticadas que circundan la tierra varias veces al día, y uno de nuestros sueños es conectarlas todas!. Los cyborgs por otro lado han conseguido dominar la tierra no son tan mecánicos y espectaculares (no todos) como esperábamos, pero definitivamente son reales, muchos de ellos no tienen casi consistencia física, y se constituyen inmaterialmente en extremos opuestos del mundo, recaudando información de bases de datos colectivas, al intercambiar terabytes de información en décimas de segundo, al publicar y compartir memorias, ideas y proyectos de sus contra partes humanas en millones de espacios virtuales en forma de textos, imágenes, videos, música… hemos aprendido a exteriorizar nuestra mente, a compartir nuestra alma y poco a poco darle vida a esta conciencia colectiva que se comparte a pedazos y se re-integra y se reforma cada día con cada clic y cada teclazo que damos. En efecto tenemos extremidades mecánicas y presencia sintética, nuestras computadoras son extensiones de nuestro cuerpo y a veces nos manifestamos en monitores que no están de nuestro lado de la pantalla.


Nuestra parte inmaterial individual se extiende, se diluye y reconstituye con el resto de los proyectos y los sueños de la humanidad, a últimas fechas hemos aprendido a sustituir las moléculas por vectores y las células por pixeles, poco a poco vamos poblando mundos virtuales que además debemos construir, llegamos a espacios y lugares que en escencia no son más que ceros y unos pero en realidad son percibidos como propios y explorados devotamente por sus habitantes que los recorren y transforman como hacemos con la materia en el mundo real, es en estos dominios donde a veces encontramos personas y personalidades que nos complementan, que alimentan aspectos específicos de nuestro ser, lo que comienza como investigación de un tema, se convierte en el descubrimiento de comunidades y eventualmente se transforma en la conexión a nivel personal entre individuos, es muy común que en estos espacios las relaciones personales se formen y se fortalezcan, que evolucionen y trasciendan más allá de la pantalla, finalmente entre letras es más sencillo descubrir la verdadera personalidad de la gente y sin otros sentidos que nublen el juicio de los seres tan complejos que somos, la esencia trascendental del individuo se libera, así entonces en medio de scripts y con teclados de por medio, nos conocemos, nos relacionamos, nos comprometemos e iniciamos aventuras que se extienden a rincones complejos de la mente y lugares íntimos del alma, nuestra naturaleza gregaria nos invita constantemente a relacionarnos con los otros, es imposible no encariñarse con las cosas, los lugares y las personas, más allá de su representación física terminamos invariablemente descubriendo su interior.

Los ejercicios personales son tan variados como las personas mismas, pero la constante en el metaverso gira alrededor del compromiso, del descubrimiento, del asombro continuo por todo, por todos, de nosotros mismos y de los demás, los contratos no escritos llenan nuestras ventanas y saturan nuestras personalidades, una vez que cruzas la línea entre lo real y lo virtual, es imposible distinguir uno de otro y es quizás esta la razón por la que mucha gente prefiere ni siquiera considerar el tema, el asunto es que esta ahí y espera ser aprendido, explorado y transformado en compañía.

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